Prohibido leer este post sin sonreír

in Colombia-Original7 days ago

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Imagen creada con Gemini



La persona más graciosa que he conocido fue un señor de mi pueblo, Mucoelrío, llamado Cándido Márquez, un conversador incansable que parecía tener una jocosa ocurrencia para cualquier circunstancia de la vida. Era un personaje pintoresco al que todos buscaban porque la cotidianidad se tornaba mucho más amena escuchando sus innumerables anécdotas, sus imprevistas y divertidas maneras de finiquitar con divertido desparpajo hasta las más dramáticas situaciones. Tenía, sin embargo, la particularidad de que nunca se reía de sus chistosas frases ni de las hilarantes historias que relataba; se mantenía siempre serio cuando tomaba la palabra para provocar la risa en los demás.

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Relatando una anécdota

Uno de sus más celebrados cuentos ocurrió cuando tres de sus hijas, unas jovencitas que para aquel entonces estaban entre los catorce y diecisiete años, fueron a solicitar su permiso para asistir a una fiesta a la que habían sido invitadas. Cada vez que se contaba esta anécdota, Cándido señalaba que él debía alertar siempre a sus muchachas porque estaba consciente de que vivíamos en una época donde el respeto ya no existía y los actos impúdicos eran demasiado comunes. Por esa razón, más que todo, fue que al conceder su aprobación les dijo: "Está bien, vayan y diviértanse, pero en lo que empiece el desorden se ponen su pantaleta, su ropa y se vienen para la casa".

Otra de las ocurrencias del señor Cándido que todos referían con regocijo en el pueblo se refiere a la ocasión en que él se detenía todos los días a observar un mural que estaba dibujando un muchacho que se encontraba, durante unas vacaciones de agosto, de visita en Mucoelrío. Se trataba de un paisaje angelical, de un impresionante cielo con Jesús en el centro y rodeado de vírgenes, ángeles y una gama de colores luminosos que le imprimían una impactante belleza al cuadro. Por razones de salud, el singular Cándido Márquez se ausentó por tres días de la calle donde el inmenso mural iba, poco a poco, definiéndose.

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El mural...

Solo cuando la obra estaba casi lista, ya en los momentos en que el joven pintor corregía los últimos detalles fue que el señor Cándido pudo regresar al sitio y quedó tan impactado con la hermosura del cuadro que gritó con una voz inusualmente grave: "Carajo, muchacho, y tú pintas esa vaina con la misma mano con que te limpias el culo".

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Disfrutando de la conversación

Cándido Márquez relataba también, entre un sinfín de curiosas vivencias, que cuando estuvo trabajando en la zona petrolera de Maracaibo vivió muy feliz con una mujer bonita y hacendosa que tenía, sin embargo, el defecto de que hablaba de manera atravesada, sin darse cuenta que la forma en que colocaba sus palabras le cambiaba el significado a lo que quería decir. Así por ejemplo, en cuanto él llegaba de trabajar le gritaba a un hijo pequeño que tenían: "Búscale las cholas a tu papá de goma" (en lugar de búscale las cholas de goma a tu papá). Claro, tenía él que aclararle que su cuerpo era de carne y hueso, no de goma. Y en una ocasión en que debía salir rápido a adquirir unos productos alimenticios, ella le dijo: "Cómprame un ocumo en el mercado chino" (cómprame un ocumo chino en el mercado), a lo que Cándido contestó: "Carajo, cómo voy a ir yo tan lejos solo para comprar un ocumo".

Es pertinente aclarar que no es lo mismo escribir todas esas anécdotas que experimentarlas en vivo, escucharlas con la gracia, el tono de voz y los gestos con que las contaba su protagonista o las refería cualquier personaje del pueblo; disfrutarlas en el mismo lugar en donde nacieron forma parte del encanto que esas historias contienen. Asimismo, debemos advertir que nunca llevaban la intención de herir o burlarse de nadie; eran simplemente una manera de celebrar la vida, de buscarle el lado amable y gracioso a una cotidianidad que, muchas veces, imponía severas calamidades.




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Invito a los amigos:
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Nota: Todas las imágenes fueron generadas por Gemini, combinando imágenes propias con las aportadas por la IA.