The Diary Game | 10-07-2026 |Cuando una tragedia revela quiénes somos.

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Mañana de hoy.

Querido diario:

Estos últimos días he regresado a laborar. El edificio sigue casi vacío; somos muy pocos los que estamos asistiendo. En mi caso, debía presentarme porque soy la encargada de coordinar y entregar las bolsas de alimentos al personal.

Mientras descargaban el camión, subí a la oficina para terminar de imprimir los listados. Estaba tan concentrada en mi trabajo que, por un instante, mi mente dejó de pensar en todo lo ocurrido aquel 24 de junio. Sin embargo, esa aparente tranquilidad duró muy poco. De repente, sentimos una nueva réplica.

Mi compañera de nómina y yo nos miramos sin decir una palabra y salimos corriendo. Ella se alteró muchísimo. Ese día del terremoto estaba en La Guaira con su hijo y el miedo revivió de inmediato. Comenzó a llamarlo desesperadamente, mientras gritaba. Ver su angustia despertó también la mía. No lloré ni grité; mi cuerpo reaccionó de otra manera. Sentí una fuerte tembladera que no podía controlar. Comprendí que, aunque intentemos aparentar fortaleza, las heridas emocionales siguen ahí.

Una vez finalizada la descarga del camión, la prioridad era entregar primero las bolsas a los llamados "Ángeles de la Autopista", quienes han estado brindando apoyo constante en La Guaira. Lamentablemente, algunos adultos mayores jubilados no comprendieron la situación. Se mostraron obstinados, déspotas y poco considerados con el personal que estaba colaborando. Entiendo que todos vivimos momentos de incertidumbre y que las réplicas aumentan el miedo, pero ninguna circunstancia justifica maltratar a quienes también están haciendo un esfuerzo y, al igual que ellos, sienten temor.

Aquello me indignó profundamente. Con mucho respeto, pero con firmeza, les expresé que estaban siendo poco empáticos con nosotros. También éramos personas con miedo, arriesgando nuestra seguridad para cumplir con nuestro trabajo, y sentía que muy pocos valoraban ese esfuerzo.

Cuando comenzó la entrega al personal activo, escuché muchas historias. Algunos hablaban con serenidad; otros permanecían en silencio, con la mirada perdida, como si aún no lograran comprender todo lo vivido. Sin embargo, hubo dos testimonios que quedaron grabados en mi corazón.

Uno de ellos me contó que su padre había vendido su casa para comprar un apartamento en La Guaira. El lunes firmaron la compra, el martes recibieron las llaves y el miércoles estaban realizando la mudanza. Después de bajar por segunda vez, el apartamento ya no existía. Con una tristeza inmensa me dijo: "No sé qué hago aquí. ¿Para qué quiero una bolsa de alimentos?" En ese momento comprendí que hay pérdidas que ningún beneficio material puede aliviar.

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¿Una bolsa pa que?

Otra trabajadora me relató que estaba en la playa con su hija cuando comenzó el desastre. Me dijo que la arena parecía tragárselas a ambas. No entendía qué estaba ocurriendo y gritó con todas sus fuerzas hasta que varias personas lograron rescatarlas. Luego, durante el regreso, vio a muchas personas fallecidas en la vía. Escucharla fue estremecedor. Hay experiencias que cambian para siempre la forma de ver la vida.

Al finalizar la jornada, todas las personas habían retirado su bolsa. Nosotros aún no sabemos cuándo regresaremos a trabajar con normalidad ni qué ocurrirá en los próximos días. Lo único que tengo claro es que una tragedia de esta magnitud saca a la luz lo que cada persona lleva por dentro. Algunos se volvieron más sensibles, más solidarios y más conscientes del dolor ajeno. Otros, por el contrario, respondieron con intolerancia, egoísmo y agresividad.

Hoy entiendo que las tragedias no cambian la esencia de las personas; muchas veces solo revelan con mayor claridad quiénes realmente son. Ojalá que, cuando todo esto pase, no olvidemos que la empatía también es una forma de ayudar y que, detrás de cada uniforme, de cada cargo y de cada responsabilidad, hay un ser humano que también siente miedo, tristeza y agotamiento.

Es todo por hoy, querido diario.



Fotos originales tomada con mi celular Tecno Pova Neo



Realizado por @norat23

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Hola, amiga. Tu reflexión sobre el comportamiento y la actitud de quienes reaccionaron a los sucesos del 24 de junio en nuestro país es muy perspicaz. Los testimonios de quienes vivieron la tragedia en primera persona demuestran que valoran la vida más que las posesiones materiales, como en el caso del hombre que se preguntaba por qué llevaba su bolsa de comida cuando había perdido algo mucho más importante.

Hay reacciones muy insensibles por parte de quienes no valoran ni sienten compasión por la angustia o el riesgo que enfrentaron quienes trabajaron para ayudar a las víctimas de la tragedia. La vida misma nos enseña que debemos ser empáticos y sensibles con quienes realmente sufrieron los efectos de estos terremotos, y que las réplicas siguen generando pánico y terror, provocando pensamientos negativos que sin duda afectan la salud mental.

Me alegra que, a pesar de estos desafíos, estés cumpliendo con tus responsabilidades con dignidad, amor y optimismo.

Éxito, amiga.

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Curated by: @kouba01

 29 days ago 

Amiga espero estes bien, Dios te proteja en todo momento a ti y los tuyos entiendo el miedo por las réplicas y por todo lo que esta pasando, sabes que me he dado cuenta que algunos adultos mayores en su condición de ser mayores quieren maltratar y ofender a otras personas, pienso que todos debemos tratar con respeto para poder exigirlo, un abrazo.