Tres microcuentos de beisbol

Mientras los aficionados del beisbol venezolano gritaban “ponche” los gringos decían, ¿quién puede pensar en bebidas en estos momentos decisivos del partido?
Cuando aquella bola cegó la vida de un niño, lo que sería su último partido de la temporada de beisbol, se convirtió en el último juego de su vida.
Le llamaban el juego de la muerte a cada partido de beisbol en la prisión, los presos eran obligados a participar, al final, el equipo ganador debía matar a cada jugador del equipo contrario.
Esta es mi participación en el concurso del amigo @joslud, quien una vez más nos invita a crear en micro, anímate a participar, acá te dejo el enlace
Invito a los amigos @zhanavic69, @enrisanti y @zorajaime
Gracias por leerme, te deseo salud y bienestar; además de éxito en todos tus proyectos de vida.

Ese microcuento numero 3 parece una pelicula de terror....me recordo que hace años yo iba a ver unos juegos de sotfbol cerca de mi casa, a veces venia el equipo de la prision, cuando eso pasaba habia guardias por donde quiera y era el cual llegaba mas personas, claro entre ellos familiares
Mi madre. El propio terror. Igualmente se hacía en los juegos de pelota de los aztecas: el equipo perdedor era procesado. Uyuyuy. Y me has hecho recordar que cuando era chico la pelota fue a parar a las tribunas, rebotó en la cabeza de una persona y después me dio a mí en la frente. Ayayay.
Gracias por invitarme.
Feliz día del trabajador.
Hola @genomil. Tus microcuentos son fabulosos.
Mi preferido es el microcuento de tristeza que en realidad es de terror. Tiene una atmósfera estupenda y para quienes conocemos de béisbol se nos forma una imagen amarga en la cabeza de un niño pitcher o del infield que cae al ser golpeado por un batazo. La imagen es horrible y por eso lo veo de terror: infancia, deporte, muerte.
Por otra parte, lo que ocurrió en el último mundial de béisbol con la palabra ponche (latinizada completamente, jajajaja) quedará para siempre en los anales de este deporte.
Ha sido un gran placer leerte. Saludos fraternos!
Me encantaron los tres cuentos. Mi favorito es el último.