Memorias de una noche de teatro
Ir al teatro es una experiencia que el cine no reemplaza. La energía del público, la inmediatez del actor, el riesgo de que algo salga mal. Todo eso hace que cada función sea única. El teatro es arte vivo.
Vi "Esperando a Godot" en el Independiente de Buenos Aires y me cambió la cabeza. Dos actores, un árbol, nada más. Pero dos horas que no te podés mover de la butaca. Eso es teatro puro.
El teatro callejero tiene algo que el teatro formal no tiene: la sorpresa. Andás por la calle y te encontrás con una obra improvisada. La ciudad se convierte en escenario. Eso es democracia cultural.
Un buen monólogo te atrapa desde la primera palabra y no te suelta hasta el aplauso final. Un actor solo en escenario, con nada más que sus palabras y su cuerpo, puede hacerte reír, llorar y pensar en 60 minutos.
En Asunción hay una escena de teatro independiente que está creciendo. Pequeños grupos alquilan espacios y crean obras con nada. La pasión compensa la falta de recursos. Hay que ir a verlos.
Lo que me gusta del teatro es que no hay segunda oportunidad. Si el actor se equivoca, todos lo ven. Si algo sale mal, se convierte en parte de la obra. Esa honestidad no existe en ningún otro arte.
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Contenido original para Steemit.

