Concurso de Arte y Escritura #196 El que Remienda Nunca Estrena.

Una visita al pasado, un amanecer sereno, lleno de brisa fresca, un recorrido a la panadería del pueblo a comprar el pan tibio para el desayuno, en el trayecto siempre el olor a cuero se sentía.
El árabe como todos los llamaban, era el primer negocio de la avenida larga que tenía sus puestas abiertas para atender a esos clientes que buscaban un remiendo.
Bien sea una correa rota, una zuela despegada, un tacón suelto, una larga grieta del cuero que necesitaba costura, siempre había un golpe seco que se oía al pasar frente a ese lugar que olía a cuero.
Eran muchos los que llevaban sus prendas a ese lugar, no había para estrenar y la mejor opción era remendar lo que más se pudiera, para el árabe era un negocio, al haber que remendar, el tenia como sobrevivir a la época tan precaria.
Los jóvenes se sentaba a las afueras del local para oír sus historias mientras con su mazo golpeaba el cuero hasta domarlo.
Tan, tan, tan, un descanzo corto y volvía el golpeteo. Mientras aquellos muchachos aprendan de esa cultura extraña para ellos.
Mi hermano mayor, lo llamaban el limpia botas, no era el gran trabajo, Pero era el ideal, cada vez que lo veía, se miraban sus zapatos y aprovechaban para que los lustra. Para él una emoción inexplicable.
Mi abuela sentía hacia el árabe recelo, cada vez que pasaba cerca del local le decía con voz burlona ¡El que Remienda Nunca Estrena!. El simplemente le levantaba la mano en señal de saludo, y seguía golpeando su cuero.
Mi abuela al ver tanta indiferencia, más se molestaba y seguía su camino refunfuñando del Árabe, como que si esperaba un gesto amable de él, Pero nunca lo hizo.
Cuando mi papá se vestía la ropa dominguera, así que él le decía, y ayudaba a mi mamá a llevarle lo que se iba a colocar, con delicadeza olía la correa marrón, ese olor a cuero que me recordaba cada vez que iba de camino a comprar los alimentos tibios para el desayuno.
El recorrido diario con fragancia fresca, paso al lado del olor a tierra, con alegría se ayer el golpeteo del martillo sobre el cuero, buscando a la fuerza moldear su dureza.
Con gran rigidez, y rostro señido, pasan los días con su martillo, sin notar cansancio, observa y sigue, repara la prenda sabiendo que el que remienda no estrena.
Saludos en #venezolanossteem la gran comunidad de los sueños posibles, un placer crear en este espacio de la amiga @solperez Invito a participar a los steemias
@vicent21 @carmenyuv @evansros11 @carmari
Gracias a todos los que leen y apoyan mi publicación.
Gracias por publicar en la comunidad #Venezolanossteem
Me encantó leerte. Un abrazo.
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Saludos, @dulcemo05.
Has presentado la labor rutinaria de un zapatero de modo excepcional. Ellos quizás por la experiencia lo hacen de manera mecánica, sin embargo, cada golpeteo, cada aplicación de pega o tintura, cada corte, cada puntada están (deben estar) bien calculados. Un error puede dañar una pieza, un error puede ser irrecuperable. Por eso el del zapatero es un arte más que un simple trabajo.
Gracias por compartir un texto tan lindo.
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Hola amiga, trabajar con el cuero es un arte, y no todos lo saben trabajar bien, difiero del dicho "el que remienda no estrena" porque en ocasiones remendé algún bolso o zapato, no porque no tuviera para comprar otros, simplemente la calidad y comodidad de los reparados hacia difícil dejar de usarlos.
Lo mejor de cualquier trabajo, es hacerlo con amor.
Fue un gusto leerte.
Saludos, te deseo mucho éxito.