Colores del atardecer y pensamientos
A veces lo más sencillo es lo que más nos marca. Una conversación inesperada, el canto de un pájaro, el olor de la tierra mojada después de la lluvia. La vida está llena de pequeños regalos que pasan desapercibidos cuando andamos con prisa.
He aprendido que no hace falta tener grandes cosas para ser feliz. Una tarde con alguien querido, un libro que te atrapa, una caminata al aire libre. La felicidad está en los detalles, en esos momentos que no planeamos pero que recordamos siempre.
Hoy vi un nido de pájaros en el mirador de mi ventana. Pequeñito, hecho con ramitas y algo de lana. La madre venía y venía sin parar. Esa dedicación silenciosa me conmovió. La vida sigue construyéndose en lo más chiquito.
Recibir un abrazo sincero es de las cosas más sanas que existen. No uno de cortesía, sino uno que te dice estoy acá sin palabras. Ese tipo de contacto humano vale más que mil mensajes de WhatsApp.
Vi una flor creciendo en una grieta del cemento delantero. Nadie la plantó, nadie la cuida. Pero ahí está, abierta y firme. Me hizo pensar en cuántas veces nos excusamos para no crecer cuando la vida siempre encuentra la manera.
Las hojas que caen del árbol no se van tristes. Se van sabiendo que el árbol necesita soltar para volver a florecer. Aprender a soltar es uno de los actos más valientes que existen. No es perder, es prepararse para lo que viene.
Espero que les haya gustado. Los leo en los comentarios.
Contenido original para Steemit.

