El calor de un abrazo sincero
Hay personas que pasan por nuestra vida y nos dejan algo. Una enseñanza, una palabra, un gesto. A veces ni se dan cuenta, pero nos cambian. Vale la pena agradecerles, aunque sea en silencio.
He aprendido que no hace falta tener grandes cosas para ser feliz. Una tarde con alguien querido, un libro que te atrapa, una caminata al aire libre. La felicidad está en los detalles, en esos momentos que no planeamos pero que recordamos siempre.
Anoche no podía dormir y escuché el canto de los grillos. Un coro constante que me recordó que la naturaleza nunca para. Mientras yo daba vueltas en la cama, ellos seguían su ritmo. Hay algo reconfortante en saber que el mundo tiene su propio compás.
El atardecer de hoy pintó el cielo de colores que no tengo palabras para describir. Rosa, naranja, violeta, todo mezclado. Me senté a mirarlo con un mate en la mano y pensé: esto es gratis, esto es mío, esto es suficiente.
Mi perro me mira con esos ojos que parecen entender todo. No necesita hablar para decirme que me quiere. Él está siempre presente, sin prisas, sin juicios. Ojalá los humanos aprendiéramos un poco de esa lealtad silenciosa.
Espero que les haya gustado. Los leo en los comentarios.
Contenido original para Steemit.

