Lo que el viento me susurró esta tarde
El viento de la tarde tiene algo que me calma. Sentarme en el porche y sentir el aire mover las hojas del árbol. No hace falta pensar en nada, solo estar. La naturaleza te invita a pausar sin pedirte permiso.
A veces lo más sencillo es lo que más nos marca. Una conversación inesperada, el canto de un pájaro, el olor de la tierra mojada después de la lluvia. La vida está llena de pequeños regalos que pasan desapercibidos cuando andamos con prisa.
El otro día fui a caminar por el monte. El sendero estaba lleno de hojas secas que crujían bajo mis pies. Encontré un arroyo pequeño, casi escondido, y me quedé un rato escuchando el agua. A veces los mejores planes son los que no planeamos.
A veces camino sin destino y es cuando más encuentro. Hoy descubrí una callejuela con murales pintados por vecinos del barrio. Cada pared contaba una historia diferente. Lo cotidiano esconde tesoros cuando uno mira con atención.
Mi perro me mira con esos ojos que parecen entender todo. No necesita hablar para decirme que me quiere. Él está siempre presente, sin prisas, sin juicios. Ojalá los humanos aprendiéramos un poco de esa lealtad silenciosa.
Recibir un abrazo sincero es de las cosas más sanas que existen. No uno de cortesía, sino uno que te dice estoy acá sin palabras. Ese tipo de contacto humano vale más que mil mensajes de WhatsApp.
A veces la respuesta no está en hacer más, sino en hacer menos. En quedarse quieto, en respirar, en dejar que las cosas pasen. No todo requiere una reacción inmediata. Aprender a esperar también es sabiduría.
Bendiciones y hasta la próxima.
Contenido original para Steemit.

