Cuando Dios parece estar en silencio
Orar cuando no tenés ganas de orar es el verdadero acto de fe. Cuando todo está bien, la oración fluye. Pero cuando el alma está seca, cuando no sentimos nada, quedarnos ahí en silencio delante de Dios es un acto de entrega que vale más que mil palabras.
El amor que transforma no es el que espera recibir, es el que da sin condiciones. Cuando entendemos eso, las relaciones cambian, la forma de ver al otro cambia y todo empieza a tener otro sentido. Amar es dar, no esperar.
La oración no es una lista de pedidos. Es un espacio para conectarse, para soltar lo que nos pesa, para escuchar. Muchas veces salimos de la oración igual que entramos porque no nos tomamos el tiempo de escuchar.
Los silencios de Dios no son abandono. Son tiempos de prueba donde la fe se depura. Como un padre que no responde inmediatamente para que su hijo aprenda a esperar, Dios a veces se calla para fortalecer lo que llevamos adentro.
Dios perdona, pero a veces nosotros no nos perdonamos a nosotros mismos. Cargamos con culpas que ya fueron perdonadas. Seguimos reviviendo errores que ya fueron cubiertos. Aprender a recibir el perdón es tan difícil como aprender a perdonar.
La generosidad no es dar lo que sobra, es dar lo que cuesta. Tiempo cuando no lo tenés, atención cuando estás agotado, un abrazo cuando no sabés qué decir. Esa generosidad es la que refleja el corazón de Dios.
La fe se pone a prueba cuando la vida no tiene sentido. Perder a alguien, enfrentar una enfermedad, ver injusticias. En esos momentos la fe más profunda no es la que entiende todo, sino la que confía a pesar de no entender nada.
Caminemos juntos. Nos encontramos en el próximo post.
Contenido original para Steemit.

