Cuando la vida no tiene sentido y aun así seguimos
La ansiedad y la fe pueden coexistir. Decir "no os afanéis por el mañana" no significa que nunca vamos a sentir ansiedad. Significa que no dejamos que la ansiedad gobierne nuestras decisiones. Confiar no es no tener miedo, es tener miedo y seguir adelante de todos modos.
La perseverancia no es hacer siempre lo mismo, es no rendirse cuando las cosas se ponen difíciles. Es entender que el proceso tiene un propósito, aunque no lo entendamos en el momento. Lo que parece un obstáculo hoy puede ser una lección mañana.
La oración no es una lista de pedidos. Es un espacio para conectarse, para soltar lo que nos pesa, para escuchar. Muchas veces salimos de la oración igual que entramos porque no nos tomamos el tiempo de escuchar.
La gracia de Dios no se gana, se recibe. No importa cuántas veces nos equivocamos, cuántas veces caemos. Su perdón es nuevo cada mañana. El problema es que muchas veces no nos lo creemos y seguimos cargando culpas que ya fueron perdonadas.
Los silencios de Dios no son abandono. Son tiempos de prueba donde la fe se depura. Como un padre que no responde inmediatamente para que su hijo aprenda a esperar, Dios a veces se calla para fortalecer lo que llevamos adentro.
El amor que transforma no es el que espera recibir, es el que da sin condiciones. Cuando entendemos eso, las relaciones cambian, la forma de ver al otro cambia y todo empieza a tener otro sentido. Amar es dar, no esperar.
Hay momentos donde todo parece incierto. No vemos una salida, no entendemos por qué pasan las cosas. En esos momentos, la fe no es tener todas las respuestas, sino confiar a pesar de no tenerlas. Es saber que hay un propósito aunque no lo veamos.
La fe se comparte. Si algo te tocó, compartilo.
Contenido original para Steemit.

