El poder de una oración sincera
Los silencios de Dios no son abandono. Son tiempos de prueba donde la fe se depura. Como un padre que no responde inmediatamente para que su hijo aprenda a esperar, Dios a veces se calla para fortalecer lo que llevamos adentro.
Hay momentos donde todo parece incierto. No vemos una salida, no entendemos por qué pasan las cosas. En esos momentos, la fe no es tener todas las respuestas, sino confiar a pesar de no tenerlas. Es saber que hay un propósito aunque no lo veamos.
Las pruebas que enfrentamos nos moldean. Como el fuego purifica el oro, las dificultades purifican nuestra fe. No las pedimos, pero cuando las superamos, somos más fuertes, más compasivos, más dependientes de Dios.
Dios no opera en nuestro calendario. Nosotros queremos respuestas ya, soluciones inmediatas. Pero Él ve el panorama completo que nosotros no vemos. Los tiempos de espera no son pérdida, son preparación para lo que viene.
La perseverancia no es hacer siempre lo mismo, es no rendirse cuando las cosas se ponen difíciles. Es entender que el proceso tiene un propósito, aunque no lo entendamos en el momento. Lo que parece un obstáculo hoy puede ser una lección mañana.
La oración no es una lista de pedidos. Es un espacio para conectarse, para soltar lo que nos pesa, para escuchar. Muchas veces salimos de la oración igual que entramos porque no nos tomamos el tiempo de escuchar.
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Contenido original para Steemit.

