La oración no cambia las cosas, te cambia a vos
La ansiedad y la fe pueden coexistir. Decir "no os afanéis por el mañana" no significa que nunca vamos a sentir ansiedad. Significa que no dejamos que la ansiedad gobierne nuestras decisiones. Confiar no es no tener miedo, es tener miedo y seguir adelante de todos modos.
Servir sin esperar nada a cambio es quizás la lección más difícil del cristianismo. Nuestro instinto nos dice que demos para recibir. Pero el servicio verdadero es el que se hace en secreto, sin que nadie lo sepa, sin esperar reconocimiento.
La perseverancia no es hacer siempre lo mismo, es no rendirse cuando las cosas se ponen difíciles. Es entender que el proceso tiene un propósito, aunque no lo entendamos en el momento. Lo que parece un obstáculo hoy puede ser una lección mañana.
No fuimos hechos para caminar solos. La comunidad de fe no es opcional. Es el espacio donde nos sostenemos, donde oramos unos por otros, donde compartimos las cargas. Una fe aislada es una fe frágil. El hierro se afila con el hierro.
Perdonar es un proceso, no un evento. No se trata de olvidar lo que pasó, sino de soltar el peso que llevamos. No es por el otro, es por uno mismo. El rencor pesa más en el que lo lleva que en el que lo recibe.
Hay temporada de siembra y temporada de cosecha. No se puede cosechar lo que no se sembró. Y a veces sembramos lágrimas para cosechar alegría. El proceso duele, pero el fruto vale la espera. No todo tiene que tener sentido ahora. Más tarde lo vas a entender.
Gracias por leer. Dejame tu comentario.
Contenido original para Steemit.


Hay algunas cosas que me gustaría agregar a este tema.
No creo que Dios nos haya prometido una vida sin ansiedad, sin dudas o sin dolor, porque todo es parte del proceso por el que tenemos que transitar para evolucionar. Lo que sí nos prometió fue Su presencia en medio de todo ello. Y sobre la perseverancia, quizás la mayor prueba no sea soportar las dificultades, sino seguir haciendo lo correcto cuando nadie nos está mirando y cuando los resultados parecen no llegar. Es justo ahí donde se forja el carácter.
De manera que Dios rara vez cambia nuestras circunstancias antes de cambiar nuestro corazón. Porque una bendición recibida sin haber sido transformados termina convirtiéndose en una carga tan pesada que puede hacernos daño; primero forma al hombre y después le entrega el fruto de su trabajo.
Tu texto me hizo recordar las palabras del hombre de Galilea cuando preguntó: ¿Cuál es mayor, el que se sienta a la mesa o el que sirve? Recuerdo haber preguntado esto una vez en una iglesia. Todos al unísono dijeron: ¡El que sirve! Sin embargo, no es así. El que se sienta a la mesa es el mayor, como lo era el Maestro, pero a pesar de ser el mayor, nos da el verdadero ejemplo de grandeza que está en el servicio. Es un acto de verdadera devoción que, siendo de mayor jerarquía, nos desprendemos de esto para servir a otros menos afortunados por la vida.
Y para cerrar este comentario, me gustaría hacerle algunas sugerencias: