La paciencia como fruto del Espíritu
Hay momentos donde todo parece incierto. No vemos una salida, no entendemos por qué pasan las cosas. En esos momentos, la fe no es tener todas las respuestas, sino confiar a pesar de no tenerlas. Es saber que hay un propósito aunque no lo veamos.
Servir sin esperar nada a cambio es quizás la lección más difícil del cristianismo. Nuestro instinto nos dice que demos para recibir. Pero el servicio verdadero es el que se hace en secreto, sin que nadie lo sepa, sin esperar reconocimiento.
La paciencia no es pasividad, es actividad confiada. Es seguir sembrando aunque no veas la cosecha, seguir orando aunque no sientas respuesta, seguir caminando aunque no veas el camino. El fruto de la paciencia siempre llega.
La debilidad no es fracaso. San Pablo le pidió a Dios tres veces que le quitara la espina en la carne, y Dios le respondió: "Mi gracia te basta, porque mi poder se perfecciona en la debilidad". Cuando somos débiles, ahí es cuando Él es fuerte en nosotros.
La ansiedad y la fe pueden coexistir. Decir "no os afanéis por el mañana" no significa que nunca vamos a sentir ansiedad. Significa que no dejamos que la ansiedad gobierne nuestras decisiones. Confiar no es no tener miedo, es tener miedo y seguir adelante de todos modos.
Orar cuando no tenés ganas de orar es el verdadero acto de fe. Cuando todo está bien, la oración fluye. Pero cuando el alma está seca, cuando no sentimos nada, quedarnos ahí en silencio delante de Dios es un acto de entrega que vale más que mil palabras.
Caminemos juntos. Nos encontramos en el próximo post.
Contenido original para Steemit.

