Mis recuerdos de la niñez
Mi hermana Ramona es un trozo de color indescifrable, es la mayor de mis hermanas. Pero nunca estaba en nuestras vidas, nunca estuvo y nunca está. Ella es una pañoleta danzando al viento con gesto de despedida eterna.
Fuimos cinco hermanas. Falleció Yolanda antes de cumplir los 50 años. Murió de un infarto. Las decepciones taladraron su débil corazón:

Mi hermana Rosita, mi sobrino Jhonny, mi hermana Yolanda, mi amiga Carmen Margarita Rojas (Camucha) y yo, tapándome los ojos por el sol
Mi hermano Jesús era un retazo de color verde como los campos, siempre transmitía paz y frescura. Lamentablemente, tenía una enfermedad mental, que hizo que se quitara la vida en el mes de marzo cuando había sequía en los campos de su vida, pues ya la lluvia que lo hacía renacer se había marchado de su lado.
Mi hermano Freddy es un trozo de tela de color azul. De él tengo gratos recuerdos. Siempre me consintió y me regalaba un afecto especial como venido del cielo y del mar que él surcaba en su bote el "Romancero".
Mi hermano Félix era un trozo de tela color "oro". Siempre lo vi como alguien inalcanzable. Hablaba frecuentemente de la importancia de adquirir poder económico y de tener cosas materiales. Y cuando dejó de tener "riquezas" se quedó solo. Pero siempre ha ido detrás del oro, ahora corre para ganarse las medallas que el running le puede dar.
Mi hermano Carlos es de color naranja y sabe a naranja. A veces dulce, a veces amargo. En un tiempo, pude compartir bien con él, pero luego convirtió su vida en un desastre y quería que probáramos de su acidez y amargura. Cuando me hice grande, decidí poner las cosas en su lugar. Deshice la manta de mi infancia, y construí una nueva, con los colores que más me gustaban, con los trozos de tela con los que más me identificaba. Por eso, mi colcha actual ya no es tan variopinta. Sin embargo, de vez en cuando, recuerdo mi niñez, que NUNCA fue MALA, y me tapo los ojos para llorar de melancolía, porque ahora no puedo jugar en el patio de mi casa, como antes lo hacía, porque ya esa casa no es mi casa, y de ella solo me queda el recuerdo de un corral con pollos, con matas de mango que en la noche parecían monstruos cuando la brisa las estrecía, con las mecidas que nos dábamos en el columpio que nos hizo papá, con un camino hecho de escombros que conducía hacia el lugar donde mamá, mi tía Petrica y mi tía Isabel Calderín mataban los pollos criados en el patio para ponerlos a la venta.
Con todos recuerdos me quedo, porque ellos han hecho de mí, lo que ahora soy.

Carmen margarita Rojas (Camucha), mi sobrina Vallita, mi sobrino Jhonny, mi hermana Rosita y yo
Mi infancia es y siempre será mi refugio en las noches de frío y soledad.
Gracias por la lectura
Invito a @oswaldocuarta, @chant y @elider11.
Qué manera tan hermosa y poética de contar tu historia. Me llegó muchísimo la metáfora de la manta y cómo fué describiendo a cada miembro de su familia a través de los colores y sus personalidades. Al final, aunque uno decida rehacer su propia colcha con el tiempo, esos recuerdos del patio, los mangos y la infancia siempre se quedan guardados en un lugar muy especial del corazón. Gracias por compartir algo tan personal y escrito con tanto sentimiento.
Siempre es un gusto leerle y aprender a través de la lectura. 🫶
Ciertamente, la manta de la infancia merece a veces reparaciones, incluso modificaciones, con el pasar del tiempo. Pero hay lugares y recuerdos que se quedan intactos en nuestra memoria afectiva. Gracias por tu lectura e impecable comentario. Un abrazo.
Gracias por el apoyo, @chant. Me siento honrada de recibirlo.
Estimada amiga. Bendiciones. Gusto en leerte. Recordar es vivir. Dios cuide de tu gente.
Gracias, apreciado amigo. Miles de bendiciones para ti también.