Voluntariado internacional: viajar mientras ayudás
Trabajar remoto y viajar es el sueño que mucha gente tiene pero pocos intentan. No es fácil: requiere disciplina, buena conexión a internet y un horario que se adapte a la zona horaria de tus clientes. Pero cuando lo lográs, no hay vuelta atrás.
Perdí el bus en Bolivia y terminé en un pueblo que no aparecía en el mapa. No había señal, no había hostel, solo una señora que me ofreció su casa. Fue una de las mejores experiencias de mi vida. Los imprevistos son los que hacen los mejores recuerdos.
Los mejores destinos no siempre están en las guías turísticas. A veces el pueblo más chico, el que no aparece en Instagram, es el que te termina robando el corazón. Vale la pena salirse del camino marcado y explorar sin un plan fijo.
Acampar es la forma más barata y auténtica de viajar. Una carpa, un sleeping, una cocinita. Podés quedarte en lugares que ningún hotel te ofrece. Amanecer en la montaña, escuchar el río, ver las estrellas sin contaminación lumínica. No tiene precio.
Viajar con una mochila de 30 kilos te enseña que no necesitás la mitad de lo que llevás. La ropa se lava, los libros se descargan en el celular, y los souvenirs se compran después. La libertad de moverte sin arrastrar equipaje no tiene precio.
El voluntariado internacional te permite viajar gastando poco y ayudando mucho. En Perú trabajé dos semanas en una escuela rural y a cambio me daban alojamiento y comida. La experiencia fue más rica que cualquier tour pagado.
Paraguay tiene hostales excelentes por menos de 10 dólares la noche. En San Bernardino, Encarnación, incluso en Asunción. Viajar barato en Paraguay es más que posible si sabés dónde buscar. La clave es moverse en bus y comer en mercados.
Viajar abre la cabeza. Nunca es tarde para empezar.
Contenido original para Steemit.

